DAF

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Delayed auditory feedback, literalmente retroalimentación auditiva retardada. Por lo general, cuando hablamos, el sonido de nuestra propia voz se retroalimenta a nuestro oído interno a través de vibraciones en el aire y en los huesos del oído medio. Por tanto, hay un ligero retraso, antes de que lo percibamos. Es decir, que existe una latencia, pero muy leve. Tan leve, de hecho (alrededor de 0,001 segundos), que ni siquiera podemos detectar la pausa. Sin embargo, si usamos un dispositivo que aumente esa latencia, reproduciendo nuestra propia voz con un retraso mucho más largo (generalmente alrededor de 0,2 segundos), entonces sentiremos un eco evidente, perfectamente audible. Escucharse a uno mismo con este tipo de eco puede resultar extraño y hasta desagradable.

El DAF puede hacer mucho más que desconcentrar al hablante. En realidad a la mayoría de las personas que prueban el DAF les resulta casi imposible hablar con normalidad. Numerosos estudios realizados sobre DAF han demostrado sus efectos directos sobre el habla. Cualquiera bajo los efectos del DAF puede:

  • Repetir sonidos
  • Pronunciar mal las palabras
  • Omitir sílabas
  • Agregar sonidos donde no corresponden
  • Sustituir sílabas
  • Hablar más lentamente
  • Enunciar sus palabras con excesiva intención o claridad
  • Tartamudeo

Todos los defectos en el habla mencionados anteriormente se deben a que el cerebro del hablante intenta normalizar su discurso, creyendo que el feedback que está recibiendo es el que recibiría normalmente a través de los huesos del oído. Como el retardo es excesivo, el cerebro trata de compensar esa latencia intentando ajustar la duración de los sonidos que pronuncia, obviamente, sin éxito. El intento constante de reajuste entre lo que dice y lo que oye hace que se produzca esta forma errática de habla.

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